Por Alexander Ríos

Han pasado apenas diez días desde que Keiko Fujimori asumió la Presidencia de la República y creo que todavía es demasiado pronto para emitir una sentencia definitiva sobre su gobierno.

En el Perú, tenemos la mala costumbre de querer convertir los primeros días de una gestión en una evaluación de cinco años. Diez días no construyen un país, pero sí pueden revelar algo importante: la dirección que pretende tomar un gobierno.

Y, hasta ahora, mi impresión es moderadamente positiva.

No porque crea que todo está resuelto, ni porque considere que el nuevo gobierno haya demostrado todavía resultados extraordinarios. Sería absurdo exigirlo en tan poco tiempo. Mi percepción positiva tiene que ver, principalmente, con la conformación del gabinete, el tono inicial del Ejecutivo y la sensación de que el Estado, por primera vez en bastante tiempo, parece haber entrado en una etapa de cierta normalidad administrativa.

Una especie de luna de miel

Creo que estamos viviendo una especie de luna de miel política.

No necesariamente una luna de miel entre Keiko Fujimori y todos los peruanos, porque las heridas políticas del país siguen ahí y el fujimorismo continúa generando adhesiones y rechazos muy intensos.

Me refiero más bien a una luna de miel entre el nuevo gobierno y el aparato del Estado.

El gobierno ha recibido una administración que ya tiene presupuestos, proyectos, funcionarios, contratos, compromisos internacionales y una agenda de inversión previamente diseñada.

Por eso tengo la impresión de que el Estado está funcionando, en buena medida, en piloto automático.

Y esto no necesariamente es malo.

De hecho, puede ser exactamente lo que el Perú necesita en este momento.

Después de años de crisis política, cambios constantes de ministros, enfrentamientos entre poderes y gobiernos que dedicaron buena parte de su energía a sobrevivir políticamente, quizá sea saludable tener un Ejecutivo que simplemente empiece a administrar.

El problema aparecerá cuando se acabe ese piloto automático.

Porque gobernar no consiste solamente en continuar lo que ya estaba programado. Gobernar significa tomar decisiones, establecer prioridades y demostrar que existe una visión propia.

El gabinete: una primera señal positiva

Una de las primeras decisiones que me parece interesante es la composición del gabinete encabezado por Luis Galarreta.

El nuevo Consejo de Ministros combina experiencia política y perfiles técnicos, con nombres conocidos en diferentes sectores. Elmer Cuba asumió Economía y Finanzas; Carlos Espá, Relaciones Exteriores; Rafael Belaunde, Defensa; César Astudillo, Interior; y otros profesionales con experiencia en sus respectivas áreas asumieron las diferentes carteras.

No voy a decir que sea el gabinete perfecto.

No existe.

Pero sí creo que hay una diferencia importante entre comenzar un gobierno con un equipo capaz de administrar y comenzar con un equipo cuya principal virtud sea la lealtad política.

Y eso es algo que, al menos inicialmente, me genera cierta expectativa.

La elección de ministros será realmente evaluada cuando comiencen a aparecer resultados.

Un ministro no se mide por la fotografía de su juramentación. Se mide por su capacidad de ejecutar presupuesto, destrabar proyectos, resolver problemas y hacer que las instituciones bajo su responsabilidad funcionen.

El primer gran reto: seguridad

Si hay un tema que no puede esperar, es la seguridad ciudadana.

La propia presidenta ha colocado este asunto entre las prioridades inmediatas de su administración, junto con la respuesta frente al fenómeno de El Niño. En su primera sesión de Consejo de Ministros también se abordaron medidas para fortalecer la seguridad, el sistema penitenciario y la capacidad de respuesta del Estado.

Aquí no hay espacio para una luna de miel demasiado larga.

El ciudadano que vive con miedo a ser asaltado no necesita discursos. Necesita resultados.

Necesita policías en las calles, inteligencia, investigación criminal, cárceles bajo control, fiscales y jueces que puedan trabajar con información adecuada y un Estado que tenga capacidad para perseguir al crimen organizado.

Si el gobierno logra avances concretos en seguridad durante su primer año, probablemente será uno de los mayores éxitos de su administración.

Y luego están las obras

Aquí quiero detenerme en algo que considero fundamental.

El Perú no necesita descubrir nuevamente cuáles son sus problemas de infraestructura.

Sabemos que necesitamos carreteras, hospitales, colegios, agua potable, saneamiento, irrigaciones, puertos, aeropuertos, infraestructura energética y conectividad digital.

También tenemos una enorme cartera de proyectos que ya está identificada.

El Plan Nacional de Infraestructura 2026-2031 contempla una cartera de 72 proyectos con una inversión estimada superior a S/144 mil millones. Por su parte, ProInversión presentó una cartera de proyectos APP y Proyectos en Activos superior a US$41 mil millones, además de cientos de intervenciones mediante Obras por Impuestos.

Entonces la pregunta ya no debería ser únicamente:

¿Qué obra va a hacer Keiko Fujimori?

La pregunta debería ser:

¿Cuántas de las obras que el Perú ya necesita será capaz de terminar?

Ahí estará una parte importante de la evaluación de este gobierno.

Chavimochic y las grandes irrigaciones

Por ejemplo, tenemos proyectos como la tercera etapa de Chavimochic.

La infraestructura hidráulica no es solamente cemento y concreto. Es producción, empleo, exportaciones, seguridad hídrica y desarrollo regional.

La tercera etapa de Chavimochic tiene componentes pendientes y una inversión que viene siendo trabajada desde administraciones anteriores. La presa Rafael Quevedo Flores —antes Palo Redondo— presenta un avance físico importante y existen recursos aprobados para continuar con el proyecto.

Si este gobierno consigue culminar proyectos de esta naturaleza, el resultado será mucho más importante que cualquier inauguración política.

Porque una irrigación no solamente inaugura una presa.

Puede generar hectáreas productivas, empleo, agroexportaciones y nuevas oportunidades para miles de familias.

Y lo mismo debería ocurrir con las grandes obras de infraestructura del sur, norte y oriente del país.

No necesitamos más primeras piedras

Esta es probablemente una de mis principales preocupaciones.

El Perú tiene demasiadas primeras piedras y demasiadas obras inconclusas.

Necesitamos menos ceremonias y más inauguraciones.

Menos anuncios y más ejecución.

Menos expedientes eternos y más infraestructura funcionando.

El gobierno de Keiko tendrá la oportunidad de demostrar que puede convertir una cartera gigantesca de proyectos en obras concretas.

Y para eso necesitará trabajar con gobiernos regionales y municipales, destrabar permisos, resolver problemas de saneamiento físico-legal, mejorar los procesos de contratación y, sobre todo, mantener una disciplina fiscal que permita financiar el crecimiento sin hipotecar el futuro.

La economía: el piloto automático puede ayudar

En materia económica también creo que debemos observar con cierta serenidad.

La economía peruana ya venía mostrando señales positivas. La inversión pública creció durante el primer semestre de 2026 y alcanzó una ejecución acumulada de S/26 486 millones, según el Ministerio de Economía y Finanzas.

Por eso sería injusto atribuir automáticamente estos resultados al nuevo gobierno.

Keiko Fujimori acaba de asumir.

Gran parte de lo que estamos viendo es consecuencia de políticas, presupuestos y decisiones tomadas anteriormente.

Y justamente ahí aparece mi concepto del Estado en piloto automático.

La nueva administración tiene la ventaja de recibir una economía que no empieza desde cero.

Pero también tiene la responsabilidad de no romper aquello que funciona.

Si hay estabilidad, hay que conservarla.

Si existe inversión, hay que acelerarla.

Si existen proyectos encaminados, hay que terminarlos.

Y si existen errores, hay que corregirlos.

Mi opinión: positiva, pero todavía está en veremos

Después de estos primeros diez días, mi opinión sobre el gobierno de Keiko Fujimori es positiva, pero cautelosa.

No tengo razones para decir que será un gran gobierno.

Pero tampoco tengo razones, después de solamente diez días, para afirmar que será un mal gobierno.

Creo que sería irresponsable cualquiera de las dos conclusiones.

Lo que sí puedo decir es que veo señales iniciales que me parecen razonables.

Veo un gabinete que, en términos generales, transmite una intención de gobernabilidad.

Veo un discurso enfocado en seguridad, inversión, empleo y empresa.

Veo un Estado que continúa funcionando y una enorme cartera de proyectos que puede convertirse en una oportunidad histórica.

Y veo también una presidenta que, por ahora, parece haber entendido que el Perú no necesita otra guerra política permanente.

Pero esto recién comienza.

La verdadera evaluación empezará después

La luna de miel terminará.

El piloto automático también.

Llegará el momento en que el gobierno tendrá que tomar decisiones difíciles.

Tendrá que enfrentar al Congreso.

Tendrá que lidiar con gobiernos regionales y municipales.

Tendrá que enfrentar conflictos sociales.

Tendrá que resolver problemas de seguridad.

Tendrá que ejecutar presupuesto.

Tendrá que destrabar obras.

Tendrá que responder ante errores de sus ministros.

Y tendrá que demostrar que sus promesas pueden convertirse en políticas públicas.

Ahí comenzará la verdadera evaluación.

Por ahora, prefiero darle el beneficio de la duda.

Creo que el Perú merece que un gobierno tenga la oportunidad de trabajar antes de ser juzgado.

Pero también creo que los peruanos debemos mantenernos vigilantes.

Ser positivo no significa ser oficialista.

Y ser crítico tampoco significa desear que un gobierno fracase.

Yo prefiero que este gobierno tenga éxito, porque si Keiko Fujimori logra que el Perú sea más seguro, que las inversiones lleguen, que las obras se terminen, que la economía crezca y que las familias tengan más oportunidades, los beneficiados no serán los fujimoristas.

Seremos todos los peruanos.

Por eso, después de diez días, mi posición es sencilla:

Tengo una opinión favorable sobre el inicio, expectativas razonables sobre el rumbo y muchas dudas todavía por resolver.

Está en veremos.

Y creo que, por ahora, eso es exactamente lo que corresponde.